Bienvenidos a Polo sur, sí, el lugar donde viven los pingüinos.
¿Cómo es Polo sur?
Los pingüinos pequeños, y a veces también los mayores, se divierten en un parque con toboganes de hielo, pistas de patinaje, balancines de piedras, una piscina saladita en la que se refrescan y una piscina de nieve dónde juegan a tirarse bolas.
En Polo sur también hay un colegio y allí los pingüinos se sientan en el suelo helado para escuchar a la señorita pingüino Lunar en el pico.
A los pingüinos les encanta ir al colegio.
Os voy a contar historias que suceden en Polo sur, como lo que le sucedía a Hipín que nació con un hipo fastidioso y sólo quería estar con su mamá, la pingüina Manchas en las patas.

Conoceréis a Alegrón, que siempre tiene motivos para estar contento, a Blanca o a Rudi, el pingüino que quiere jugar continuamente.
Sabremos por qué la señora Cabeza de Melón estaba triste.
Y también… muchas historias más.
Pero ¿qué está pasando hoy en Polo sur?
Lo que sucede es que todas las mamás salen a pescar mientras que los papás se quedan cuidando de los hijos.
-¡No empujes!, dijo la señora Manchas en las patas.
-¡Allá voy!, exclamó la madre de Alegrón a la vez que deslizaba su barriga hacia el mar.
-¡Comida, comida, comida!, gritaba la mamá de Blanca dando saltos tan grandes que parecía volar.
De pronto apareció Plumas Suaves, la mamá de Rudi, apartando con sus aletas a todas la pingüinas que encontraba en su camino, a la vez que pedía: ¡No me dejéis sin peces!
En pocos minutos, todas la pingüinas estaban en el agua buscando comida para sus familias.
La pingüina Despistada se equivocó de camino y apareció en el lado contrario, en la montaña de hielo y decía algo contrariada:
-¿Dónde estoy?, ¿dónde estáis amigas? ¡Aquí no hay peces! Además de despistada estaba desesperada, apenada, cansada y equivocada.
Ah, y también estaba desorientada. Se había equivocado de camino y no sabía volver.
Pero Despistada tuvo una idea:
-Subiré la montaña de hielo y desde arriba podré ver dónde está el mar.
Pero le resultaba imposible subir pues se deslizaba en el hielo y siempre volvía al punto de partida.
Despistada tuvo otra idea:
-Escucharé el sonido del mar y seguramente llegaré en un pis pas.
Y así fue.
Se guio por el ruido de las olas y llegó hasta el mar.
-¡Al agua!, exclamó y comenzó a pescar.
Pasado un tiempo, todas la pingüinas salieron del mar bien fresquitas y con la barriga llena. Todas la pingüinas fueron a llevar comida a sus familias.
¿Todas?
-¿Dónde está Despistada?, preguntó Cabeza de Melón.
Nadie la veía.
-Chicas, dijo Plumas Suaves, vamos al mar a buscarla.
Todas las pingüinas se lanzaron al agua sin pensarlo.
Encontraron a Despistada en el fondo del mar con las patas atascadas en un plástico brillante.
Unas tiraban de Despistada, otras intentaban romper el plástico con el pico y algunas la animaban.
Así fue como entre todas consiguieron liberar a Despistada.
Salieron del agua e iban a emprender el camino de vuelta a casa cuando dijo Pecas Negras:
-Tenemos que rodear a Despistada para que no se pierda.
Y así lo hicieron.
Cuando las pingüinas llegaron a sus casas se dieron un gran abrazo de pingüino gritando:
-¡Cruazzz, cruazzz!, que en el lenguaje de los pingüinos quiere decir, “hoy por ti y mañana por mí”
